- WILD NEW WORLD - V - PREHISTORIC AMERICA -
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13000 años atrás la vida en las praderas del norte del continente americano era diferente. Habían los sagaces y los de reacción más lenta... como los grandes mamuts de Columbia que entraban a los estanques para acabar varias veces atrapados y atraer lobos hambrientos.
Naturalmente también había animales pequeños como los perritos de las praderas que aún sobreviven en sus galerías subterráneas desde las que se podían ver los pasos de las grandes manadas de bisontes .... y de las grandes patas de los mamuts de Columbia que para ellos habrá sido mismo terremoto ¡pobre perrito de las praderas, quedó enterrado!
Actualmente aún sobreviven frutos diseñados para ser alimento de los grandes mamuts .... pero entonces, aparte de comer bastante, al menos los mamuts machos solían entablar luchas por ganar derecho a aparearse. Nomás que hubo algún par que tuvo la mala suerte de trabarse y así con los colmillos enganchados acabaron muriendo juntos. ¡El colmo!
Así como ahora hay frutos que parecen que se quedaron con el diseño del pasado aún hoy en América del Norte sobrevive el berrendo, un "antílope" de un antiguo linaje (pariente de las jirafas) del que es último representante. Estos animales son los más veloces de las praderas, sin embargo hoy en día no tienen nadie capaz de perseguirlos. Pero evolucionaron hasta ganar esas velocidades porque en los tiempos de la Era del Hielo tenían que escaparse del veloz chita americano (gato pariente del puma).
También habían otros depredadores menores de hoy como los coyotes, a quien facilmente un oso de hocico corto podía espantarle de la comida..
Por otro lado estaban los leones, que fácilmente podrían habérselas ingeniado para degustar un bisonte o alguno de los caballos parecidos a cebras que en aquellos tiempos vivían en América. Y seguramente cerca también andaban los grandes osos de hocico corto dispuestos a usar su gran tamaño de modo disuasivo, y es de esperar que no siempre tuvieran suerte en robarles la comida a otros.
Un oso así de hambriento pudo haber caido fácilmente en una de las tantas trampas escondidas en la pradera.

Una cueva subterránea muy escondida cobró víctimas generación tras generación: bisontes, mamuts, etc, y con ellos sus depredadores. Sin embargo no todos los que caían en lo profundo de la trampa morían sin luchar por salir, en las paredes de la antigua cueva mostrada se ven huellas del oso que usando sus garras tenía la esperanza de poder salir de su situación. Miles de años después un fósil nos hablaría de su fallido intento de escapatoria.
Pero ni el mamut, ni el león americano, ni el oso de hocico corto, ni varios otros animales podrían contra el nuevo cazador que cada vez se infiltraba más en sus dominios. Las huellas de la llegada del hombre están por todos lados.

Es curioso que algunas de las construcciones supervivientes de los primeros americanos en el norte del continente sean un tanto parecidas a algunas que aún se ven en los Andes hoy en día. Me pregunto si se deberá a que sus autores comparten raíces en la prehistoria.